Todo comienza en una fiesta como
cualquier otra en un lugar fuera de lo común. Decidimos rentar una pequeña
cabaña en el bosque lejos de la ciudad. Entre hombres y mujeres asistimos 20
personas, algunos cercanos, otros no tanto pero la fiesta prometía. Recuerdo claramente instalarme en mi
habitación que por la premura tome de abajo con vista a un patio claro que daba
al bosque. Esperaba compartir con compañeras pero al momento era para mí sola,
en espera de ellas, decidí acomodar mis cosas. Tenía la certeza de que esa
noche no dormiría, pero el viaje por la lejanía de la ciudad pintaba a 5 días
como mínimo. Mirando por la ventada
vislumbre a lo lejos unos ojos que observaban directamente a mí. ¿Sería un
animal? Pensé, ¿Qué tipo de animal seria este?, mi imaginación broto hasta
temblar de miedo. Perdida en mis imágenes mentales forcé la vista en donde
deberían estar esos pequeños ojos que fugazmente desaparecieron. “Fue mi
imaginación” aseguré.
Llegadas las compañeras nos reímos
un poco y comentamos de esta fiesta en este lugar tan especialmente hermoso y
callado. De pronto algo me hizo mirar hacia la ventana y los ojos aparecieron
nuevamente, pero ya no le di importancia.
Comenzamos a sacar algunas mesas al
jardín, un asador y carne. El
organizador empezó a preparar carne asada que saboreábamos por su olor. Sentí como si me miraran fijamente y desde
atrás de re ojo mire al bosque y los ojos se veían nuevamente, “¿qué es?” trate
de acercarme y sin verme paranoica, se vislumbraba una silueta de mediano
tamaño en color blanco y negro. Animal salvaje no era, pues su tamaño, su
tranquilidad y su sentado parecía más domestico, le pregunté a un amigo:
-
¿Tú ves esos ojos de allá?
– le dije mientras señalaba el lugar.
-
Si los veo. ¿Qué será? –
preguntó y entro corriendo, más bien se tambaleo un poco, ya estaba pasado de
copas.
Mientras yo miraba fijamente aquellos ojos que parecía
que me observaban, me di cuenta que el animal no se inmutó ni un segundo. De
pronto de la nada se escucho un ruido de bala y esos ojos cayeron al suelo. Mi
amigo había traído un rifle y gritaba que había cazado un venado, todos
asustados le quitaron el rifle. Pero yo corrí a ver aquel animal, ¿estaría
herido? ¿Qué animal seria? Rogaba que hubiera huido, que ni un rasguño le
tocara. Al acercarme me di cuenta que era un perro de color blanco con negro,
sus ojos reflejaban tristeza, hasta miedo noté, lo toqué y lo acaricie. Así me
di cuenta que era una perra que tenía sus tetitas con leche “¡Oh no! Pobre
perrita, tienes a tus hijitos y venias por comida” le susurré. Su expresión me
decía que estaba en lo cierto. Aunque era una perra que jamás había visto, sus
ojitos me decían que la conocía de toda la vida, lo cual sería imposible
recordar después del accidente en donde mi mente perdió mi pasado.
Sin pensarlo dos veces la cargue y busqué un pequeño
rastro que ella pudo seguir, para encontrar a sus cachorros, ella estaba herida
y gemía de dolor, yo seguía caminando a prisa, parecía que corría, como si ese
camino fuera conocido como la palma de mi mano. Caminando ya muy adentro del
bosque me di cuenta que había una cabaña en ruinas, “es imposible entrar ahí”
dije en voz alta. La perra
inmediatamente se movió bruscamente para que la bajara. La bajé y con movimientos dificultosos
andaba, yo la seguía como si ella me lo hubiera pedido. Entramos a la casa por
la ventana de la sala, recorrimos un corredor y salimos por otra ventana, todo
estaba desecho y cubierto de tierra. Rodeamos una parte del techo y entramos
por una ventila del baño. Este baño era
el baño de una habitación de una niña, todo era rosa, las cortinas eran de
estrellitas con corazones, la colcha de la cama y un sinfín de juguetes, las
cosas estaban deterioradas pero se veía que fue decorada con esmero. Al ver esa
habitación pasó fugazmente el pensamiento de tener una familia, me imaginé como
si tuviera un papa, mama y hermanos. Soñé por un momento que esa habitación era
la mía y que estaba en perfectas condiciones. Soñé incluso el nombre con el que
me habrían bautizado: “Susana” es buen nombre me aseguré. Pensé por un momento
que tomaría un pantalón del segundo cajón del tocador, y reí al soñar que abría
el closet y encontraba un pequeño vestido de princesa. Si hubiera tenido una
familia que me amara, no me habrían abandonado, no me hubieran dejado al
servicio del estado, no hubiera rodado como rodé, pero él hubiera no existe y
desperté de mi ensoñación. Recordé de inmediato a la perra, que detrás de la
cama se echó y sus perritos comenzaron a mamarle el pecho y ella exhausta
recargó su cabeza en el piso. Me senté a su lado, la acariciaba y le dije: “te
prometo que cuidaré de tus perritos y de ti. Solo tienes que aguantar un poco más”
La acariciaba, sus ojitos me miraban con una iluminación familiar, yo sabía que
me quería decir algo, pero no comprendía bien. De pronto miré debajo de la cama
y vi un libro que tomé para verlo. Al abrirlo quedé impactada, era mi cara en
otra persona, aventé el libro sin pensarlo y cayó en la portada que decía
“Susy”, me impactó, por reflejo miré en dirección a la puerta y tenia de nombre
“Susana”, me paré bruscamente y abrí el segundo cajón del tocador y encontré
pantalones. Casi como reflejo abrí el closet esperando no ver aquel vestido de
princesa, pero ahí estaba, colgado como harapos, viejo, casi podrido. Entonces
tomé el álbum de fotos que había aventado. Lo miré y vi fotos de una familia
con un bebe, después el bebe creció hasta dos o tres años, fotos de ese mismo
cuarto, fotos de una familia feliz. Fue entonces cuando a mi mente llegaron
muchas imágenes… (Continuara)
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