lunes, 24 de septiembre de 2012

En la oscuridad de lo desconocido habrá un rayo de luz conocido



            Todo comienza en una fiesta como cualquier otra en un lugar fuera de lo común. Decidimos rentar una pequeña cabaña en el bosque lejos de la ciudad. Entre hombres y mujeres asistimos 20 personas, algunos cercanos, otros no tanto pero la fiesta prometía.  Recuerdo claramente instalarme en mi habitación que por la premura tome de abajo con vista a un patio claro que daba al bosque. Esperaba compartir con compañeras pero al momento era para mí sola, en espera de ellas, decidí acomodar mis cosas. Tenía la certeza de que esa noche no dormiría, pero el viaje por la lejanía de la ciudad pintaba a 5 días como mínimo.  Mirando por la ventada vislumbre a lo lejos unos ojos que observaban directamente a mí. ¿Sería un animal? Pensé, ¿Qué tipo de animal seria este?, mi imaginación broto hasta temblar de miedo. Perdida en mis imágenes mentales forcé la vista en donde deberían estar esos pequeños ojos que fugazmente desaparecieron. “Fue mi imaginación” aseguré.
            Llegadas las compañeras nos reímos un poco y comentamos de esta fiesta en este lugar tan especialmente hermoso y callado. De pronto algo me hizo mirar hacia la ventana y los ojos aparecieron nuevamente, pero ya no le di importancia.
            Comenzamos a sacar algunas mesas al jardín, un asador y carne.  El organizador empezó a preparar carne asada que saboreábamos por su olor.  Sentí como si me miraran fijamente y desde atrás de re ojo mire al bosque y los ojos se veían nuevamente, “¿qué es?” trate de acercarme y sin verme paranoica, se vislumbraba una silueta de mediano tamaño en color blanco y negro. Animal salvaje no era, pues su tamaño, su tranquilidad y su sentado parecía más domestico, le pregunté a un amigo:
-       ¿Tú ves esos ojos de allá? – le dije mientras señalaba el lugar.
-       Si los veo. ¿Qué será? – preguntó y entro corriendo, más bien se tambaleo un poco, ya estaba pasado de copas.
Mientras yo miraba fijamente aquellos ojos que parecía que me observaban, me di cuenta que el animal no se inmutó ni un segundo. De pronto de la nada se escucho un ruido de bala y esos ojos cayeron al suelo. Mi amigo había traído un rifle y gritaba que había cazado un venado, todos asustados le quitaron el rifle. Pero yo corrí a ver aquel animal, ¿estaría herido? ¿Qué animal seria? Rogaba que hubiera huido, que ni un rasguño le tocara. Al acercarme me di cuenta que era un perro de color blanco con negro, sus ojos reflejaban tristeza, hasta miedo noté, lo toqué y lo acaricie. Así me di cuenta que era una perra que tenía sus tetitas con leche “¡Oh no! Pobre perrita, tienes a tus hijitos y venias por comida” le susurré. Su expresión me decía que estaba en lo cierto. Aunque era una perra que jamás había visto, sus ojitos me decían que la conocía de toda la vida, lo cual sería imposible recordar después del accidente en donde mi mente perdió mi pasado.
Sin pensarlo dos veces la cargue y busqué un pequeño rastro que ella pudo seguir, para encontrar a sus cachorros, ella estaba herida y gemía de dolor, yo seguía caminando a prisa, parecía que corría, como si ese camino fuera conocido como la palma de mi mano. Caminando ya muy adentro del bosque me di cuenta que había una cabaña en ruinas, “es imposible entrar ahí” dije en voz alta.  La perra inmediatamente se movió bruscamente para que la bajara.  La bajé y con movimientos dificultosos andaba, yo la seguía como si ella me lo hubiera pedido. Entramos a la casa por la ventana de la sala, recorrimos un corredor y salimos por otra ventana, todo estaba desecho y cubierto de tierra. Rodeamos una parte del techo y entramos por una ventila del baño.  Este baño era el baño de una habitación de una niña, todo era rosa, las cortinas eran de estrellitas con corazones, la colcha de la cama y un sinfín de juguetes, las cosas estaban deterioradas pero se veía que fue decorada con esmero. Al ver esa habitación pasó fugazmente el pensamiento de tener una familia, me imaginé como si tuviera un papa, mama y hermanos. Soñé por un momento que esa habitación era la mía y que estaba en perfectas condiciones. Soñé incluso el nombre con el que me habrían bautizado: “Susana” es buen nombre me aseguré. Pensé por un momento que tomaría un pantalón del segundo cajón del tocador, y reí al soñar que abría el closet y encontraba un pequeño vestido de princesa. Si hubiera tenido una familia que me amara, no me habrían abandonado, no me hubieran dejado al servicio del estado, no hubiera rodado como rodé, pero él hubiera no existe y desperté de mi ensoñación. Recordé de inmediato a la perra, que detrás de la cama se echó y sus perritos comenzaron a mamarle el pecho y ella exhausta recargó su cabeza en el piso. Me senté a su lado, la acariciaba y le dije: “te prometo que cuidaré de tus perritos y de ti. Solo tienes que aguantar un poco más” La acariciaba, sus ojitos me miraban con una iluminación familiar, yo sabía que me quería decir algo, pero no comprendía bien. De pronto miré debajo de la cama y vi un libro que tomé para verlo. Al abrirlo quedé impactada, era mi cara en otra persona, aventé el libro sin pensarlo y cayó en la portada que decía “Susy”, me impactó, por reflejo miré en dirección a la puerta y tenia de nombre “Susana”, me paré bruscamente y abrí el segundo cajón del tocador y encontré pantalones. Casi como reflejo abrí el closet esperando no ver aquel vestido de princesa, pero ahí estaba, colgado como harapos, viejo, casi podrido. Entonces tomé el álbum de fotos que había aventado. Lo miré y vi fotos de una familia con un bebe, después el bebe creció hasta dos o tres años, fotos de ese mismo cuarto, fotos de una familia feliz. Fue entonces cuando a mi mente llegaron muchas imágenes… (Continuara)

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