Continuación....
Veía como una imagen fugaz de un hombre y una mujer abrazándome,
diciéndome “Te amo”. Saltar por los pasillos de la casa, esconderme debajo de
la cama y correr en el patio con dos perros blanco con negro. Como una escena
de cine corría una cinta en donde la perra estaba teniendo cachorritos en la
habitación rosa, mientras los lamia me daba cuenta que había una pequeña
perrita que me miraba fijamente y yo le decía “te amo, eres hermosa, eres mía,
somos una”. De pronto un temblor azotó la casa, se oían gritos de mi madre y mi
padre, por que las sacudidas comenzaron a destruir la casa, yo quería salir
corriendo, pero la perra me lo impidió, me puso junto a sus perritos y la
abrace llorando. El temblor duró mucho tiempo y los gritos desaparecieron, pero
el crujir de la madera seguía, al mismo tiempo el lodo de las montañas comenzó
cubrir gran parte de las habitaciones. Cuando el temblor pasó y el lodo se
estableció le grité a mis padres y la perra ladró pero nadie contestó. Todo ese
día recuerdo haber llorado y comprendido que mis padres habían muerto. A los
pocos días los dulces escondidos en mi habitación parecían ser insuficientes
para todos los sobrevivientes, así que la perra y yo salimos a buscar algo de
comer. Logramos salir por la ventana de mi baño y entrar a la sala, rascamos y
entramos a la cocina. Ese día comimos pan y estuvimos muchos meses con
conservas que mi madre guardaba para los meses de invierno, los perritos ya
habían crecido bastante y en especial aquella con la mirada expresiva era mi
hermana y compañera, mientras que la perra grande era nuestra madre. Aprendió a
cazar pequeños animales que yo cocinaba con una fogata en el bosque y
compartíamos la comida todos. Entonces un día después de mucho tiempo miré a lo
lejos humo de una fogata, era un camino muy largo que no había cruzado, sin
embargo pensé que esas personas nos podrían auxiliar, Samantha (la perra de los
ojos expresivos) y yo fuimos corriendo hacia allá. A medio camino había un
puente que le sería imposible cruzar, así que la miré y le dije: “Samantha,
regresa a la casa, te prometo que regresaré por ustedes” La bese y le dije “Te
amo” y emprendí el viaje. Cuando ya
estaba cerca un resbalón me hizo rodarme hacia un barranco, el grito que di,
alerto a las personas y me encontraron. Rápidamente pidieron un helicóptero y
me llevaron al hospital, ahí estuve muchos meses sanando mis fracturas y cuando
los médicos me preguntaron quien era yo, no les pude decir por qué no recordaba
nada.
Al terminar de entender todo mire a la perra y dije:
“¿Samantha?” la perra gimió, “Perdón por regresar hasta ahora, pero he venido
por ti, no mi mente pero mi destino me trajo a ti” la perra me miró, parecía
que sonreía y cerró los ojos, al poco tiempo la perra dejó de respirar y los
perritos comenzaron a aullar con un dolor que yo comprendía bien.
Me recosté frente a la perra y lloré hasta quedarme
dormida. Después los gritos que decían: “Samantha ¿Dónde estás?” me despertaron
“Aquí” Grité.
Mis amigos llevaban horas buscándome y entraron como
pudieron.
-
¿Estás bien? – dijo uno
-
Si – dije yo
-
¿Murió la perrita? –
preguntó
-
Si – dije yo
-
¿Segura que estas bien?
– me preguntó - ¿Parece que viste un fantasma?
-
No vi un fantasma,
encontré mi pasado y ahora veo mi futuro. Vámonos y nos llevamos a todos los
perritos.
-
Si claro – me dijo
Y así
fue como el destino cumplió una promesa...
Por Juliana Vinay